La mayoría de las webs médicas no fallan por el diseño, fallan antes de que se vea el diseño. Cómo probar la tuya desde el celular de un paciente y qué mirar en ese orden.
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Haz esta prueba ahora, y hazla bien, porque hecha mal no sirve de nada.
Sal de tu consultorio. Apaga el wifi del celular y déjalo con datos. Abre el navegador en modo incógnito —si no, tu propia web está guardada en el teléfono y va a cargar rapidísimo para ti y para nadie más— y escribe tu dirección.
Cuenta en voz alta: mil uno, mil dos, mil tres.
Lo que esté en pantalla al terminar de contar es tu web para un paciente real. Todo lo que aparezca después ya no existe, porque él no contó hasta tres: volvió atrás y abrió el siguiente resultado.
Porque no está en su casa con tiempo. Está en la sala de espera de otro médico, en el carro antes de entrar a trabajar, o acostado a las once de la noche después de que una tomografía le salió con algo. Tiene cuatro pestañas abiertas con cuatro especialistas y está descartando, no eligiendo.
En ese contexto nadie espera. Y lo que lo hace esperar casi nunca es tu contenido, porque no llegó a verlo.
Son casi siempre las mismas cuatro cosas, y ninguna necesita que seas técnico para detectarla.
Fotos sin comprimir. La foto de tu consultorio salió de una cámara con 6 MB y se subió tal cual. En una pantalla de celular se ve exactamente igual con 200 KB. Esa sola diferencia puede ser la mitad de tu problema.
El carrusel de la portada. Esas tres o cuatro imágenes que se deslizan solas en la cabecera pesan todas aunque solo se vea una, y suelen retrasar todo lo que viene detrás. Además casi nadie espera a ver la segunda.
Plugins acumulados. Si tu web está en WordPress, revisa cuántos plugins activos tiene. Es frecuente encontrar veinte, de los cuales se usan cinco. Cada uno carga su código en todas las páginas.
El chat flotante. El widget de WhatsApp o el chat en vivo suele ser lo último que se carga y lo primero que tapa la pantalla en el celular. Vale la pena tenerlo, pero no al precio de que sea lo único que se vea.
Suponiendo que cargue, lo siguiente es qué encuentra. En el celular la primera pantalla da para poco, así que esto es lo que no puede faltar:
Qué haces, con las palabras del paciente. No «Centro de excelencia en salud integral». Qué operas, qué tratas, qué estudias. Si llegó buscando «operación de várices», tiene que ver esas palabras.
Dónde atiendes. El distrito, visible sin desplazar. Es la segunda pregunta de todas y la que más rápido descarta.
Cómo escribirte sin llamar. La llamada telefónica le da pereza y además es horario de oficina. Un botón de WhatsApp visible resuelve más que un formulario de seis campos, que nadie llena desde el celular.
Tu colegiatura. Una línea. Cierra la pregunta de si existes de verdad, que el paciente no formula pero sí se hace.
El vídeo de fondo. La animación de entrada. El texto en gris claro sobre blanco, que en la calle con sol no se lee. La foto de archivo de un médico que no eres tú. Y el bloque de «Misión y visión», que no lo ha leído jamás ningún paciente.
Esto importa porque arreglar lo que no está roto es la forma más cara de no avanzar.
Si tienes Google Analytics instalado, mira dos números del último mes: cuánta gente entró a tu web y cuántos escribieron. Si entran bastantes y no escribe casi nadie, el problema está en la página. Si casi no entra nadie, la página puede estar perfecta y el problema es otro: no te están encontrando, y eso se arregla en otro sitio.
Son dos trabajos distintos y se suelen confundir. Vale la pena saber en cuál estás antes de pagar por el otro.
Comprimir las fotos, quitar el carrusel y limpiar plugins es cuestión de días, no de meses, y es lo primero que haría cualquiera que sepa lo que hace. Reescribir la primera pantalla para que diga lo que el paciente busca toma un poco más, porque hay que decidir qué va primero.
Lo que no se arregla rápido es una web montada sobre una plantilla genérica a la que hay que pelearle cada cambio. Ahí a veces sale más barato empezar de nuevo que seguir parchando, y conviene que alguien te diga cuál de los dos casos es el tuyo antes de cobrarte.
Media hora de llamada y te mandamos por escrito qué aparece hoy cuando alguien busca tu especialidad en tu distrito, cómo está tu ficha de Google y qué pasa con los mensajes que llegan fuera de hora. Con capturas. Es tuyo.
Todos los días, a cualquier hora, previa coordinación. Quien contesta primero siempre es el asistente, que es justamente el que te queremos instalar.