La frase que más se repite entre médicos es «ya pagué una vez por una página y no me sirvió de nada». Estas son las preguntas que separan una propuesta seria de una plantilla con tu nombre encima.
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Hay una frase que se repite en casi toda conversación con un médico que ya intentó esto: «ya pagué una vez por una página y no me sirvió de nada».
Casi siempre es verdad. Y casi siempre se podía haber visto venir, porque las propuestas que terminan así se parecen entre ellas y las preguntas que las destapan son pocas.
Estas seis. Sirven para evaluar a cualquiera, nosotros incluidos.
La primera y la que más cara sale si se responde tarde.
El dominio —tunombre.com— es tu nombre en internet y debe poder quedar a tu nombre. Hay quien lo compra a nombre de su empresa y no lo menciona; el día que te quieres ir, descubres que negociar la salida incluye negociar tu propio dominio.
No es necesariamente malo que lo gestione el proveedor: a mucha gente le conviene no ocuparse de renovaciones. Lo que importa es que la respuesta sea clara desde el inicio y que esté por escrito.
La continuación de la anterior, y la que más incomoda.
¿La web se apaga? ¿Se queda en línea pero sin mantenimiento? ¿Me la puedo llevar a otro proveedor? ¿Cuánto cuesta ese traslado?
Una propuesta seria tiene esto contestado antes de que preguntes. Si la respuesta es vaga o si la pregunta molesta, ya sabes algo importante.
Aquí se cae la mitad de las propuestas.
Hacer que una página se vea bien es un trabajo resuelto: hay plantillas excelentes y baratas. Lo difícil, y lo que de verdad decide si un paciente te escribe, es qué dice esa página. Y quien escribe «Atención personalizada con tecnología de vanguardia» es porque no te preguntó nada.
La pregunta de control es simple: ¿cuánto tiempo mío vas a necesitar para los contenidos? Si la respuesta es «ninguno, nosotros lo redactamos», desconfía. Nadie puede explicar tu criterio quirúrgico sin hablar contigo. Y si la respuesta es «unas veinte horas», también desconfía, porque no las tienes.
Esta distingue a quien entiende cómo busca un paciente de quien no.
Casi todas las webs médicas tienen una página llamada «Servicios» con una lista de quince ítems. El problema es que el paciente no busca tu especialidad, busca su problema: escribe «nódulo tiroideo», «ronquido operación», «várices láser». Una línea dentro de una lista no puede responder a eso ni aparecer en esa búsqueda.
Si la propuesta contempla una página propia por cada cosa que haces, con lo que es, cómo se hace y qué esperar después, estás ante alguien que sabe lo que está vendiendo.
Pide que te digan, antes de empezar, qué se va a medir y cada cuánto lo vas a ver.
«Visitas» no sirve: las visitas suben solas cuando alguien comparte tu enlace en un grupo de WhatsApp. Lo que sirve es cuánta gente llega buscando lo que tratas y cuánta de esa escribe. Esos dos números cuentan la historia completa, y si no te los van a dar, la única forma de evaluar el trabajo va a ser tu intuición seis meses después.
La pregunta más desagradable de hacer y la que más dinero ahorra.
Toda propuesta publica lo que incluye. Muy pocas publican lo que no. Y los presupuestos que después crecen son casi siempre los que no dejaron esto por escrito: la inversión en publicidad, las fotos profesionales, las traducciones, el mantenimiento después del primer año.
Si no está escrito, no está incluido. Pídelo por escrito antes de firmar, no después.
«¿Cuánto cuesta?», como primera pregunta, suele traer la peor respuesta posible: una cifra dicha sin haber visto tu punto de partida.
No cuesta lo mismo construir una web desde cero que ordenar una que ya existe y funciona a medias. Quien te da un número antes de mirar eso, o está tirando alto para cubrirse, o está tirando bajo para cerrar y lo va a corregir después. Las dos salidas son malas y la segunda es la que termina en «ya pagué una vez y no me sirvió».
Pregunta primero las seis de arriba. El precio se entiende mucho mejor cuando ya sabes qué estás comprando.
Media hora de llamada y te mandamos por escrito qué aparece hoy cuando alguien busca tu especialidad en tu distrito, cómo está tu ficha de Google y qué pasa con los mensajes que llegan fuera de hora. Con capturas. Es tuyo.
Todos los días, a cualquier hora, previa coordinación. Quien contesta primero siempre es el asistente, que es justamente el que te queremos instalar.